¿No sabes qué preguntar en el tarot? Te cuento por qué (y cómo solucionarlo)

“Es que no sé qué preguntar”. Lo he escuchado muchísimas veces en consulta y te voy a dar un spoiler: siempre sabes qué preguntar.

A menos que un tarotista te salga de repente en medio de la calle, te tome desprevenido y te exija que saques una carta en ese segundo, siempre vas a tener dudas en mente. Cuando decides agendar una lectura de tarot, es porque dentro de ti ya hay mucho más que simple curiosidad; existe un deseo profundo de encontrar respuestas y claridad.

Que no sepas cómo estructurar la pregunta es otra historia, y déjame decirte algo: es tarea de tu tarotista guiarte en ese proceso.

Pero entonces, ¿por qué pasa que te sientas frente al mazo y de pronto la mente se queda en blanco? En mi experiencia, este bloqueo mental ocurre principalmente por tres razones.

1. El miedo a lo desconocido

El primero y más común es el miedo. Ese maldito miedo que le tenemos a lo que no conocemos o a lo que las cartas puedan revelar. A ver, entiendo que el miedo es un instinto importante para salvarnos del peligro físico, pero te digo desde aquí: en el tarot no hay absolutamente nada a qué temerle.

Muchas veces el pensamiento es: “Es que no quiero abrir esa puerta”. Pero, ¿te digo qué vas a encontrar realmente al abrirla?

  • Introspección
  • Reflexión
  • Autoconocimiento
  • Respuestas útiles

¿Te da miedo saber qué viene en el futuro? Replantéatelo de esta forma: siempre es mejor saber y estar preparado, que navegar a ciegas. El tarot no sentencia, el tarot te prepara.

2. La pena o vergüenza de sentirte juzgado

La segunda razón es la pena. Grábate esto: no hay pregunta tonta y no hay situación que un buen tarotista no haya visto ya.

Arranquemos con un hecho básico: tu tarotista también es un ser humano. Tiene dudas humanas, problemas humanos y enredos humanos. ¿Con qué cara podría juzgarte?

El espacio de una lectura de tarot es tu espacio. Es un entorno estrictamente privado, confidencial, seguro y libre de prejuicios. Literalmente has invertido tu dinero y tu energía en ese momento, ¡aprovéchalo al máximo! Sácalo todo y que no te apure ni un segundo lo que alguien más pueda pensar sobre ti. Tus dudas y pensamientos son válidos y merecen respeto.

3. La “flojera” de la introspección

“Es que no me he sentado a decidir mis preguntas”. Esta es la tercera razón. Y bueno, no es un proceso sencillo, eso te lo concedo.

Hoy en día es mucho más fácil sentarse a scrollear una hora en redes sociales porque es una actividad pasiva que no nos exige mucho. En cambio, detenernos, reflexionar y rascar muy en el fondo para ver qué nos duele o qué nos inquieta, requiere energía.

Pero piénsalo así: si le dedicas solo unos minutos de verdadera introspección antes de tu consulta, vas a salir de ese gran pendiente.

No tienes que hacerlo solo

Al final del día, quiero recordarte que no tienes que formular tus preguntas para el tarot tú solito. Tu única tarea es encontrar la “raíz” de lo que te inquieta (el amor, el trabajo, una decisión difícil, tu paz mental). Llévale esa raíz a tu tarotista; él o ella se encargará de ayudarte a pulir y formular la pregunta exacta para sacarle el mayor provecho a tu tirada.

Y ya, ¿casi nada, verdad?

Me encantaría saber tu opinión: ¿Qué otra razón crees que nos hace bloquearnos y sentir que no sabemos qué preguntar en una lectura? ¡Déjamela en los comentarios y te leo!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *